-1-
Corría el año décimo cuarto del reinado del quinto
hueytlatoani azteca: Moctezuma Ilhuicamina. Rey guerrero, continuador de la orgullosa
tradición náhuatl, en parte consolidador de la hegemonía azteca sobre los demás
reinos e impulsador de grandes reformas tanto en lo político como en lo social,
apoyando -o influenciado- en gran medida
por su hermano Tlacaélel, dicho sea de paso.
Habían pasado varios años
desde que el fundador de la familia real azteca, Acamapichtli, gobernara sobre éstos.
Esta raza se hallaba en constantes guerras con los pueblos vecinos, a pesar que
eran el grupo más poderoso y mejor armado, no por ello su gente resultaba
inmune a los estragos dejados por tantas batallas, aunque orgullosos como lo
eran, tenían su muy particular forma de afrontar las cosas. Si sentían dolor lo
ocultaban, la tristeza la disimulaban y la muerte la negaban ya que para ellos
sólo existía la trascendencia al ver a ésta sólo como un paso antes de llegar a
un fin más elevado y eterno.
Entre tantos y tan variados
aztecas había una hermosa joven llamada Yolihuani. La guerra, misma que se
acostumbró a ver como su estado natural, al igual que los demás, la despojó de
su padre: un Caballero Águila de los más fuertes que existían. Su madre, al enterarse de lo que le había
sucedido a su amado, rompió con las reglas de las mujeres, se entrenó como un
guerrero para ir a la guerra y traer trofeos humanos en honor de su ser amado.
